Para muchos, el consumo de lácteos ha sido un hábito que ha estado presente en cada una de las etapas de la vida, siendo más constante durante la infancia. Sin embargo, a medida que vamos creciendo, se va disminuyendo la frecuencia de esta ingesta. Lo que se convierte en un error común, pues al hacernos adultos necesitamos de los lácteos para nuestro desarrollo y luego, al convertirnos en adultos mayores, también necesitaremos de los aportes nutricionales de estos alimentos. ¿Quieres saber por qué? ¡Continúa leyendo este artículo!

Los lácteos son un alimento básico especialmente en los mayores a los que les aporta una importante fuente de calcio y vitamina D, cuyos niveles disminuyen con el tiempo por la falta de ejercicio y la menopausia, en el caso de las mujeres.

Normalmente las personas mayores consideran que una comida saludable es aquella que incluye carnes, pescado, frutas y vegetales, dejando a un lado la ingesta de lácteos, lo que trae como consecuencia un déficit vitamínico y nutricional.

Tomando en cuenta el aporte de calcio y de otros componentes en la leche, así como la necesidad de promover una dieta variada, se recomienda para los adultos mayores, el consumo diario de dos a tres porciones de alimentos bajos en grasa, tales como:

  • Leche semi o descremada
  • Yogur semi o descremado
  • Quesos bajos en grasa (queso blanco fresco o ricota)

La leche, el yogur y el queso son fuente de fósforo, magnesio, vitaminas A y D y otros nutrientes esenciales para el mantenimiento de la salud de la persona mayor, entre ellos las proteínas de alto valor biológico, fundamentales para evitar la pérdida de músculo y el deterioro del sistema inmunológico. El yogur es uno de los lácteos más aconsejables para la tercera edad y no solo porque no presenta problemas de masticación y deglución, sino también porque es el que menor lactosa contiene, teniendo en cuenta que la intolerancia a esa proteína aumenta con la edad y es uno de los motivos por los que se deja de consumir lácteos.

Por otro lado, recientes estudios han comprobado la relación entre la toma diaria de lácteos, especialmente la leche, con la mejora del sueño y la capacidad de dormir de los adultos mayores. Uno de los aminoácidos contenidos en la leche, el triptófano, estimula la producción del neurotransmisor llamado serotonina, el cual produce relajación y somnolencia, una condición favorable para las personas longevas que presentan alteraciones en el ritmo del sueño. El consumo de leche tibia antes de acostarse ayuda a combatir el insomnio y los estados de ansiedad. ¡Sobran las razones para no dejar a un lado los lácteos!

Para obtener más información sobre los lácteos en general, te invitamos a ingresar a: www.sialaleche.org

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Escrito por Nutripractico
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